El Alzheimer es un trastorno neurodegenerativo primario, de inicio desconocido, que suele aparecer a partir de los 65 años (aunque también puede darse en gente más joven). Se produce principalmente por la aparición de ovillos neurofibrilares y placas seniles de Beta-Amiloide en el tejido cerebral, junto a la reducción del neurotransmisor Acetilcolina y progresiva atrofia cerebral.
Estos factores producen un
deterioro cognitivo, emocional y conductual, que aparece de forma lenta y
gradual. Habitualmente, el inicio de estos síntomas se caracteriza por
discretos fallos de memoria en el día a día (no acordarse de dónde dejó
las llaves, el nombre de un conocido o una receta de cocina), que van
acentuándose en el tiempo hasta constituir una clara incapacidad para realizar
cualquier actividad cotidiana (olvido del nombre de familiares directos, de
cómo usar los cubiertos para comer o incluso de dónde está el baño en casa).
Junto a la pérdida de memoria,
también aparecen otros síntomas como:
- Afasia
(pérdida de la capacidad para comunicarse a través del lenguaje)
- Apraxia
(incapacidad para realizar gestos o actividades con componente motor como
vestirse)
- Dificultades
en la capacidad de razonamiento
- Alteración en
la orientación espacial
- Cambios en
el estado de ánimo (irritabilidad, depresión, apatía y falta de iniciativa,
etc.), en el patrón de sueño y en el apetito.
El tratamiento de la enfermedad
está enfocado a retrasar su progresión mediante farmacología y estimulación
cognitiva. Esta última es de suma importancia, puesto que va adecuándose a las
necesidades del paciente según cada etapa del trastorno.
En general,
en una primera fase, cuándo se inician los síntomas, es importante hacer uso de
estrategias mnemotécnicas como llevar una agenda personal dónde poder apuntar
fechas, nombres o cualquier otro detalle necesario en el día a día del
paciente. También es de gran utilidad la
estimulación mediante crucigramas, sudokus, la lectura o cualquier actividad que
suponga un reto cognitivo. En las fases intermedias, cuando las dificultades
son ya claramente patentes, se recomienda realizar adaptaciones en el ambiente
físico (hogar) para mejorar la seguridad, establecer rutinas y seguir ejercitando
las capacidades cognitivas a través de cuadernos de escritura o programas
virtuales. En las últimas fases, los tratamientos mejor establecidos son la
terapia de reminiscencia, la musicoterapia o las técnicas de orientación a la
realidad.
Por último, siguiendo estas fases,
en el Centro Perfetti realizamos un tratamiento neuropsicológico
individualizado, potenciando las capacidades del paciente con el objetivo de
mantener su autonomía el máximo tiempo posible. Mediante distintos materiales
adaptados a las preferencias del individuo y, gracias al trabajo
interdisciplinar, se incide no sólo en la estimulación y mantenimiento de la
memoria, el lenguaje o las funciones ejecutivas, sino también en los sentidos
del gusto, el olfato o el tacto. La asistencia al centro también permite
trabajar el estado de ánimo, especialmente la apatía y la depresión al
involucrar al paciente en una rutina activa en su día a día.
No se trata de enseñar al enfermo a "moverse", sino de guiarle para que dirija la atención hacia las diferentes informaciones provenientes del cuerpo.
Carlo Perfetti, Neurólogo
El aprendizaje es la condición previa al proceso de desarrollo.
Vygotsky L.S, Psicólogo
El problema está en el cerebro y no en el músculo. Usemos el cerebro del paciente.
Carlo Perfetti, Neurólogo